miércoles, 13 de marzo de 2013

Lo que pasó con el café es solo un reflejo de la realidad

SABEMOS REALMENTE QUE ES LO QUE PASA CON LA INDUSTRIA DEL CAFÉ EN COLOMBIA?

La causas de la crisis no hay que buscarlas aguas arriba. Se encuentran en la trivialidad de la política cafetera de producción y costos, el motor de la minería y la modalidad de cambio flexible.



Colombia opero casi durante cincuenta años bajo una política cafetera que se sujetaba al diagnóstico de su inelasticidad de la demanda gracias al acuerdo mundial del café. Bajo este "Pacto Cafetero" los países productores estaban en capacidad de regular la oferta mundial y colocar los precios en las condiciones más favorables, es decir se podía jugar con la escacez del producto para incrementar sus niveles de precio. El sector cafetero evolucionó con grandes excedentes que permitieron un manejo laxo de los gastos, el patrimonio y los costos de producción.

La situación cambió con la eliminación del acuerdo mundial del café en 1988 y el desmonte del estatuto cambiario  y la Junta Monetaria en la administración de César Gaviria, una vez se modifico el decreto Ley 444 de 1967 . Como un efecto colateral muchos campesinos migraron a buscar en los cultivos ilícitos, aun dentro de las zonas cafeteras, una defensa frente a la situación. La coca les ayudó a sobrellevar el abandono en que la Federación los dejaba para empeñarse ella en aventuras especulativas volteándoles la espalda. Parecida a esta estrategia vino después la política de sustitución de variedades, cuyo resultado persistente ha sido la producción de paquetes tecnológicos cada vez más gravosos para el cultivador. La sustitución de variedades terminó siendo también sustitución forzada de agricultores. Así, la brecha entre la producción del grano y la especulación financiera se hizo cada vez más profunda. "Dentro de este marco de libertad de mercado, era inevitable que el precio de un producto inelástico se deteriorara progresivamente y castigara en un mayor grado a quienes operan con mayores costos" como lo afirmó Eduardo Sarmiento.



Aún así muchos cafeteros, esperanzados en la "eficacia" de las instituciones cafeteras (Fedecafe), busco apoyo y está no hizo mayor aporte en cuanto a la protección y desarrollo de la industria, más allá de buscar desarrollar intereses propios (Cenicafé, Buencafé, Procafecol, entre otros). Particularmente se opuso al tratamiento de las variedades robustas que pueden cultivarse con mayores productividades (productividad por hectárea). Mientras que el último quinquenio la producción del café arábico colombiano se derrumbó, la del robusta aumento en Brasil, Vietnam, Indonesia. Esto hizo que Colombia pasara de ser el segundo mayor productor de café del mundo, al cuarto o quinto en la escala.



En contraste, los nuevos productores buscaron desplazar a los tradicionales reduciendo los costos y la calidad. El precio favorable internacional que podría llegar a los bolsillos de los cafeteros es sacrificado por las gabelas que el Gobierno ofrece a los inversionistas extranjeros y por las ganancias que la guerra contra la droga le deja a la mafia, que seguramente también invierte en minería. Cabe agregar que el Gobierno ha permitido la importación de cafés perratas de Vietnam, Perú y Ecuador a los grandes fabricantes de cafés solubles, que buscan sustituir el consumo de nuestro tinto por esa aguachirle del instantáneo. Las importaciones legales de café el año pasado fueron 954.000 sacos, según la OIC. En la actualidad, Colombia importa café de Perú y Ecuador con precios muy inferiores al de exportación y registra costos de producción tres veces mayores que los de Vietnam. Ese café se cultiva aplicando endosulfán, insecticida para combatir la broca, prohibido en Colombia. La cantidad importada paga la contribución cafetera a la FNC. Esa es la verdadera causa de las importaciones. Quién sabe cuántos sacos entran de contrabando. La tercera parte del tinto que nos tomamos en el país está hecha con ese grano.El país perdió participación en los mercados internacionales, pasando del segundo al cuarto lugar, y vio esfumar el cuantioso patrimonio de la Federación de Cafeteros. Se configuró un círculo vicioso en que la baja demanda del producto reducía las ganancias, y esto dificultaba la modernización y la ampliación de la producción. El sector sobrevivía por los elevados precios internacionales y la asistencia del Gobierno. 

El otro aspecto es el tipo de cambio. El país está montado sobre el sector minero que tiene elevadas necesidades de inversión extranjera y genera la totalidad de sus ingresos en divisas. Así, la producción tiende a concentrarse en la minería y en los servicios y la mayor parte del consumo industrial y agrícola se obtiene abaratado en el exterior.

Como existen serias limitaciones para el empleo y las divisas, surge la abundancia de divisas que revalúa el tipo de cambio y desplaza la producción de bienes transables. Así, la enfermedad holandesa adquiere la forma de extinción de la industria, la agricultura y el empleo.

La verdad es que en la última década, y en especial en el último lustro, el café operó dentro de condiciones de costos y revaluación que no consultaban con las realidades internas y externas. Se pensó que los elevados precios se mantendrían y daban margen para todo. No se advirtió que se trataba de un producto inelástico que tiende al deterioro paulatino de sus cotizaciones.

Luego de cincuenta años de severa regulación del sector e intervención en el mercado, el país le apostó al libre mercado dentro de un marco de permisividad a los dirigentes cafeteros y enfermedad holandesa y terminó en el mismo descalabro del resto de la agricultura y la industria. El Comité del Café, integrado por el Gobierno y la Federación, careció de la visión, el diagnóstico y el manejo para evitar que los costos superaran los precios y colocaran al sector al borde de la quiebra.

Para rematar, las trilladoras están llenas de los llamados cafés inferiores, porque el consumo nacional está abastecido en gran parte con importaciones. La pasilla, que antes se negociaba a 25.000 pesos la arroba, hoy difícilmente se paga a 5.000. Por tanto, todo ese café de calidades media y baja terminará gorgojeado.

Muy apesar del acuerdo de $145.000 pesos la carga (125kg, aprox dos sacos de café de 60kg) para un piso no inferior a los $85.000 y no superior a los $700.000 en el mercado, la calidad de vida de las bases de esta gran industria seguirá aún "descalza" pues muchos recolectores y caficultores además de cubrir sus yá conocidos costos de de producción, deberá además seguir pagando su seguridad social, la cual como trabajador independiente esta cerca de los $167.000, algo que ni la Federación ni el gobierno considera necesario.



Eduardo Sarmiento. http://www.elespectador.com/opinion/columna-407945-crisis-cafetera
Alfredo Molano Bravo http://www.elespectador.com/opinion/columna-407905-el-paro-cafetero