lunes, 3 de diciembre de 2012

Las paradojas de la insolencia burocrática en Colombia


La virgen sus cabellos

Por: William Ospina

La vieja cicatriz de la pérdida de Panamá, que parecía desvanecida para los colombianos, ha vuelto a doler esta semana. Romeo dice que "se ríe de las cicatrices el que nunca ha sufrido una herida", y Homero nos recuerda siempre que "allí donde hay una cicatriz hay una historia".



Un expresidente de esos que pescan en todo río revuelto, casi ha llamado a tomar las armas para defender el mar arrebatado. Otros llaman a desconocer el fallo de la corte de La Haya, que con gran arbitrariedad repitió con el mar lo que nos sucedió hace un siglo con el istmo. Pero este dolor sólo ha sido posible gracias a una serie de paradojas y negligencias.
La primera paradoja consiste en que las democracias modernas tengan que basar la legitimidad de sus fronteras en la voluntad de unos monarcas antiguos. Todavía tienen que repetirnos que la soberanía de Colombia sobre el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, se funda en la Cédula Real del 20 de noviembre de 1803, que segregó ese archipiélago y la costa de la Mosquitia de la capitanía general de Guatemala, y la incluyó en el territorio del Nuevo Reino de Granada. Por fortuna, en junio de 1822 esa soberanía se vio confirmada por la adhesión voluntaria de la población de las islas a la Constitución de Cúcuta.
La segunda paradoja consiste en que Colombia renunciara voluntariamente, creo que por un sentimiento de justicia, a su soberanía sobre la costa de la Mosquitia, a cambio de que Nicaragua le reconociera su soberanía sobre el archipiélago. El tratado Esguerra-Bárcenas, de 1928, definió, aunque imperfectamente, esas dos realidades, extendió el territorio nicaragüense hasta la costa este y el mar hasta el meridiano 82, y dejó el territorio insular en manos de Colombia, pero ello no se tradujo en sentimientos de hermandad sino en nuevos reclamos.
La tercera paradoja es que Nicaragua niegue el valor del tratado Esguerra-Bárcenas sin advertir que ello significaría que las fronteras de los dos países vuelven a ser las anteriores a ese tratado. Equivaldría a decir que Colombia vuelve a ser dueña no sólo del archipiélago sino de la costa de la Mosquitia: algo que Colombia jamás ha pretendido. Nicaragua niega un tratado que la favorece, con el argumento sin duda razonable de que estaba sometida a una invasión de Estados Unidos en el momento de firmarlo.
La cuarta paradoja consiste en que no hayamos delimitado mediante un tratado serio nuestras fronteras marítimas, y hayamos preferido someter un tema tan delicado y tan local a la jurisdicción de una corte lejana, cuyos miembros ni conocerán estas regiones y ni siquiera están en condiciones de dictar su fallo en castellano. Cualquier frontera definida por un tratado bilateral habría sido más justa y más benéfica que este fallo absurdo. Y ello se agrava si pensamos que el sometimiento a la corte de La Haya, en lugar de resolver las diferencias pacíficamente, no ha hecho más que crear un nuevo malestar.
Asombra que Colombia se sintiera tan segura de sus derechos que ni siquiera imaginó la posibilidad, no de que el fallo fuera adverso, como terminó siéndolo, sino incluso de que fuera arbitrario. Los sucesivos gobernantes de Colombia han debido prever que un nuevo despojo despertaría en la población un viejo malestar y un justo sentimiento de orfandad.
Me siento muy lejano de todo nacionalismo enfermizo, y de todo patriotismo oportunista, de esos que aparecen en seguida tratando de traducir en votos y en favoritismo político el malestar y el sufrimiento de los ciudadanos, pero siempre he sentido el dolor de que nuestra dirigencia no sea capaz, no sólo de conservar, sino de engrandecer, esas que ellos mismos llaman “las regiones apartadas del país”.
Y allí hay que señalar las negligencias: el hecho de que un odioso centralismo haya permitido a lo largo del tiempo que cuanto más alejadas de la capital estén las regiones, mayor sea su abandono. Por eso creo que la reacción de los dirigentes frente a este despojo es sobre todo una manifestación de oportunismo, pues si de verdad les interesaran los territorios no habrían mantenido en el extremo abandono la Orinoquia y la Amazonia, que siempre aparecieron en un pequeño recuadro en los mapas escolares. Eran regiones de segunda clase llamadas apenas territorios nacionales, que sólo hace veinte años empezaron a tener los derechos y la estructura administrativa de los departamentos.
Si a los gobernantes y a los políticos les interesaran de verdad estos suelos cuya pérdida parece dolerles tanto, Buenaventura, el principal puerto del país y la principal fuente de riqueza para muchos, no estaría en el nivel de abandono, de postración y de violencia en que vive; el Chocó no habría sido dejado por tanto tiempo a su suerte; y ese medio país lleno de riquezas, las planicies del Orinoco y de la Amazonia, no habría quedado a merced de las guerrillas y de fenómenos de colonización rudos y expoliadores. Esos territorios pueden decir del Gobierno lo que dijo cierta dama cuando su marido, siempre indiferente, entró en crisis porque ella lo abandonaba: “Prefiere morir por mí que vivir conmigo”.
Si tuviéramos más atención por el territorio, si lo amáramos más, si lo engrandeciéramos de verdad, no correríamos tanto el riesgo de perderlo, y no tendríamos que rasgarnos las vestiduras cada tanto tiempo, ni arrancar en agonía nuestros cabellos para colgarlos del ciprés, como dice la caricatura verbal de Rafael Núñez.
Pero estos gobiernos prefieren ponerse la mano en el pecho, y hasta llamar a la guerra cada cincuenta años, en vez de gobernar con responsabilidad, con amor y con dignidad cada día.

William Ospina

Por un simple sentimiento europeísta, vanidad o por desarrollo real..?


Europa, España, Cataluña

Por: Miguel Ángel Bastenier

Europa vive el peor momento de su historia como organización más o menos unificada. Y no sólo en el aspecto económico, sino que los problemas y dudas que se perciben en el sentir europeísta tienen antecedentes próximos, que pudieron pasar desapercibidos.




En Escocia, el fin del imperio británico en los años 50 y 60 fue un poderoso estímulo para el separatismo, y ya en los 70 el principal partido independentista, el Scottish National Party, recogía cerca de un tercio de sufragios. Más aún, el euroescepticismo de gran parte del establecimiento británico sobre la permanencia en la Unión Europea es un síntoma añadido de fin de reinado. Bélgica, donde neerlandófonos y francófonos se desprecian nada cordialmente, se sostiene como Estado hiperfederal sólo porque Bruselas es la capital de la UE, y el secesionismo flamenco jamás aceptaría la independencia sin su capital histórica. En los años 90, Eslovaquia votó por su separación de la parte checa del país (Checoslovaquia), en paralelo al desgajamiento del imperio soviético. La separación de las repúblicas bálticas fue recibida con relativa indiferencia porque ya habían sido independientes en el período de entreguerras, pero Ucrania era parte de la Rusia zarista desde 1654 y Bielorrusia desde la unificación del Estado ruso en la Edad Media. A todo ello hay que sumar la violenta descomposición del tinglado federal yugoslavo en seis repúblicas independientes, también en esa década, de lo que el último avatar ha sido, ya en este siglo, el desgajamiento de Kosovo de la Serbia frustrada unificadora de Yugoslavia.
Aunque con diferente intensidad, esos casos gravitan sobre la que, según la mitología oficial, es una de las naciones más antiguas de Europa: España. El proceso de segregación de Cataluña, que hoy parece algo más contenido por el resultado de las elecciones autonómicas del 25 de noviembre, constituye, sin embargo, una amenaza real de segregación a medio plazo.
El nacionalismo catalán nace como fenómeno político contemporáneo a fin del XIX, cuando la pérdida de Cuba y Puerto Rico afectó a la sacarocracia catalana, haciendo que se aflojaran sus lazos económicos con Madrid. Ese sentimiento se apoya en una lengua propia y una literatura que blasona de glorias bajomedievales como el mismo castellano, pero que básicamente se nutre de la incomprensión hispano-castellana. Los catalanes pueden ser, y yo creo que son, españoles, pero no castellanos. En los años 20 y 30 del pasado siglo hubo diversas tentativas de resolver “el problema catalán”; la derecha regionalista, encabezada por Francesc Cambó, quiso participar en la gobernación de España, pero fue rechazada por las oligarquías peninsulares; y la II República, que votó un estatuto especial para Cataluña (1932), vio anegada su obra por la guerra civil (1936-39). El franquismo, que duró casi 40 años, con su represión de la libertad de todos los españoles y, con especial saña, lo catalán, cavó una fosa entre las dos comunidades, la catalano-hablante y la hispanófona, cuyas consecuencias se revelan ahora en su verdadera crudeza.
Pese a ello, hace sólo 10 años no había mucho más de un 15% de nacionalismo separatista y, paradójicamente, puede haber sido el progreso de la autonomía —establecida por la democracia en 1980— con lo que llamaba Tocqueville expectativas insuficientemente realizadas, lo que ha llevado en tiempos de gravísima crisis económica a la propagación de un sentimiento en Cataluña que podría expresarse en la convicción de que “nosotros lo haríamos mejor”. Más de un 50% de la población catalana aspiraría hoy a una reconfiguración de su relación con el resto de España, lo que implicaría como mínimo la adopción de un sistema federal de gobierno, que fuera más allá del actual Estado autonómico a la plena independencia.
Las elecciones del domingo pasado en Cataluña han dicho sí y no a esas fabricaciones. De un lado, la fuerza hegemónica, Convergència i Unió, ha ganado claramente. pero cayendo de 62 a 50 escaños, cuando la mayoría absoluta que decía necesitar para forzar un referéndum —ilegal, según el ordenamiento vigente— sobre la separación, era de 68. Pero, de otro, esos escaños los ha recogido Esquerra Republicana, partido abiertamente separatista, en contraste con CiU que prefiere refugiarse en eufemismos como “recuperación de la soberanía”. Y si en el parlamento catalán anterior había 76 soberanistas, hoy son 74.
El independentismo podría tomarse un tiempo de reflexión, especialmente si el gobierno del PP —derecha— en Madrid deja claro que en caso de secesión vetaría el ingreso de Cataluña en la UE, lo que haría muy poco atractiva la independencia a la burguesía catalana. Pero hay que ver estos espasmos no sólo como anticipo de agonía ibérica, sino como parte de los realineamientos políticos y territoriales que dibujarán un nuevo mapa continental en este siglo. Ello no significa que el sentimiento europeísta vaya a morir; al contrario, Escocia, Cataluña y todos los nuevos Estados quieren formar parte de una Europa con entidad política propia, pero repensando el quién, cómo y dónde de sus elementos integrantes. Las piezas del rompecabezas buscan todavía su lugar y España puede salvarse como el Estado de todos sus habitantes, pero sólo si se reconoce la existencia de una sociedad plurinacional entre nosotros.

Gracias a la Fed, estamos de nuevo en 2007

Por: Henny Sender

Según el jefe de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), Ben Bernanke, el mundo atraviesa circunstancias financieras relajadas. Sin embargo, el abismo fiscal que rodea a su país no deja de generar tensiones.



Las condiciones financieras son tan relajadas hoy como lo eran en 2007, dijo Ben Bernanke en un discurso que dio en Nueva York el 20 de noviembre. El presidente de la Reserva Federal tenía buenas razones para hacer esa observación.

Tanto en Estados Unidos como en Europa los bonos de altos retornos y la emisión en el mercado de deudas, hasta lo que va del año, es de US$570.000 millones: igual que el pico de hace cinco años. Casi el 30% de todos los bonos basura tiene pocos términos de vencimiento, y este es otro punto alto, según J.P. Morgan. Además, la emisión de deuda con el propósito de pagar los dividendos de los propietarios también se halla por encima de los niveles de 2007. La emisión de las obligaciones colateralizadas de deuda este año será de unos US$45.000 millones: más de lo que fue durante los últimos cuatro años sumados.
La mayoría de la banca “sumergida” y los fondos de cubrimiento a crédito nunca han tenido un mejor momento. En lo que va del año, la deuda atribulada está entre las estrategias de mejor desempeño en los fondos de cubrimiento. “Si usted es un inversionista en los mercados de crédito debería darle las gracias a la Reserva Federal”, dijo Michael Cembalest, gerente de inversiones de J.P. Morgan. “El aumento en el crédito ha inflado todos los botes”. Hoy la deuda de cada vez menos y menos compañías se comercia por debajo de los 100 centavos de dólar, añadió Cembalest.

Además, la semana pasada Equity Residential, la administradora de apartamentos controlada por Sam Zell, se asoció con AvalonBay para comprar la propiedad de la compañía Archstone Enterprise. Pagaron US$6.500 millones por el 60% y el 40% respectivamente. Archstone solía estar en manos de Lehman Brothers. La compra de Archstone por parte del banco, que se pagó a uno de los precios más altos que existían en el mercado, fue típica de la actividad frenética del 2007, así como uno de los factores más importantes que contribuyeron a la caída de Lehman.
Gracias a la Fed, hay muchas maneras en que parecemos estar de nuevo en 2007; ¿pero hasta qué punto eso es algo bueno?

El discurso de Bernanke no fue muy optimista. Trató la necesidad que tiene Washington de reconocer los problemas que rodean al abismo fiscal, el paquete de aumentos tributarios y recortes al gasto que entrará en efecto desde enero a no ser que se llegue a un acuerdo. No obstante, ni en el discurso ni en las preguntas que vinieron luego (lideradas por Alan Blinder, su excolega de la Universidad de Princeton), hubo una larga discusión sobre los problemas de la actual política de la Fed.

Hay varios problemas distintos al hecho de que las políticas de la Fed no pueden continuar indefinidamente y que su eficacia disminuye con cada ronda de relajamiento cuantitativo. Esa fue una de las razones por las que Jeff Aronson, el cofundador de Centerbridge Partners, les devolvió dinero a los inversionistas hace poco.

En este momento, luego de tanta restricción en los spreads de crédito, potencialmente es más dañino que positivo. Otros problemas, por supuesto, es que los hogares no puedan ganar nada sobre sus ahorros, que los fondos de pensión están subfinanciados y que las aseguradoras no pueden generar suficientes ingresos de inversión. Los verdaderos beneficiarios del dinero fácil sin los especuladores.

Entretanto, desde un punto de vista que se limita a los mercados financieros, hallamos el problema adicional de que los precios del mercado perdieron todo significado real. Los precios sugieren que el mundo es un lugar más seguro, ¿pero en realidad lo es?
Seguramente no. El mundo es más temible de lo que era en 2008. El crecimiento en la mayoría del mundo es mucho más lento, mientras que Europa parece estar en recesión, el desempleo es un reto para casi todos los países, la situación geopolítica es mucho menos estable y los gobiernos no tienen efectivo y se ha reducido mucho su campo de acción para apoyar a otras economías o a sus bancos.

Sin embargo, los precios no reflejan ningún riesgo. ¿Realmente debería dar retornos de 3,6% la deuda de Filipinas? En 2008 costaba 800 puntos base comprar una protección contra un cese de pagos de Filipinas. En junio el precio era de 220 puntos base. Ahora es de tan sólo 100 puntos base. Los fondos de cobertura, nerviosos por la situación mundial y ahora en busca de protección en el mercado de coberturas por riesgo crediticio, han tenido enormes dificultades con el apretón en los mercados de crédito.

En 2007, los altos funcionarios de la Reserva Federal de Nueva York compilaron una lista de todos los indicadores, sugirieron los precios de muchos activos financieros que ya no eran racionales y presentaron esa lista a sus colegas de Washington. Entre los indicadores que citaron se halla el grupo de telecomunicaciones de Oriente Medio cuya oferta pública inicial estaba sobrevaluada por más de 700%. Sus preocupaciones fueron ignoradas.
Esta vez, la Fed de Bernanke está ejerciendo una complicidad todavía mayor.

Reforma tributaria sin fundamentos distributivos

Por: Eduardo Sarmiento

Luego de haber tenido un papel de tercer plano, la equidad y la justicia social aparecen como las principales preocupaciones de los gobiernos.




Sin embargo, no se ha avanzado en un diagnóstico sobre las causas de la ampliación de las desigualdades y de los medios para reducirlas. No se reconoce que la dolencia se origina en el modelo económico que propicia una elevación de los ingresos del capital en relación con los del trabajo.

Es lo que se observa en la reforma tributaria. Una vez introducidos los cambios a la versión inicial, los elementos centrales son los mismos que se delinearon tan pronto apareció el proyecto oficial. En términos simples, el impuesto a la renta de las empresas se baja de 33 a 25% y se sustituye por un impuesto a las utilidades destinado a cubrir los presupuestos del Sena y el ICBF; como el primero reduce los recaudos en $8 billones, el segundo los eleva en $4 billones.

Se elevan las tarifas del impuesto a la renta de las personas naturales con ingresos superiores a $ 5 millones. Se eliminan los impuestos parafiscales al Sena, ICBF y aportes de la salud para ingresos inferiores a $6 millones.

Todo esto significa la reducción de los gravámenes a las empresas y el capital, la elevación del impuesto al trabajo de los grupos medios y una ligera reducción para las rentas más bajas, que se compensan con creces con un alza del IVA a los productos de primera necesidad. El conjunto contradice el anuncio de que la reforma baja los impuestos a los que menos tienen y los sube a los que más tienen. Para completar, se espera que las mayores utilidades de las empresas aumenten la contratación de trabajadores informales. Sin ninguna base, se predice un aumento de un millón de empleos formales.

La reforma se fundamenta en el principio de la eficiencia tributaria que se orienta a gravar las actividades que menos interfieren con el mercado y al recaudo. De esa manera se bajan los impuestos a las empresas para propiciar la competitividad y evitar las salidas de capitales y se sustituyen por impuestos al trabajo que ocasionan menos distorsiones y redundan en más recaudos. En aras de una eficiencia incierta, se sacrifica la equidad.
El Gobierno montó una tributaria neoliberal y la intenta justificar como equitativa con un juego de definiciones y porcentajes. Lo grave es que la mayoría del Congreso le siguió el juego. La filosofía de la reforma nunca se discutió.

No se aprendió la lección. Las reformas tributarias adoptadas en los últimos veinte años se orientaron a disminuir cargas del capital y trasladarlas al trabajo; deprimieron el crecimiento y el empleo. Lamentablemente, el país se apresta a repetir la historia con artificios pirotécnicos que pretenden decirle lo contrario a la opinión pública.

viernes, 26 de octubre de 2012

Free commerce is over?..


Se acabó el consenso del libre comercio

Por: Christopher Caldwell / Financial Times

Pese a sus diferencias, Barack Obama y el candidato presidencial Mitt Romney están de acuerdo en que quieren mano dura contra China. Esta y otras muestras dejan ver que en Estados Unidos se desmorona el régimen de libre comercio.



Un observador del debate del martes entre los candidatos presidenciales habría tenido una impresión incómoda de cuán agotadora puede ser una campaña para la Casa Blanca. Cada candidato tuvo la oportunidad de realizar un golpe retórico a su rival, pero no tuvo la energía o la astucia para hacerlo.
Cuando Mitt Romney prometió ayudar a la clase media cortando los impuestos sobre los intereses, dividendos y ganancias al capital, Barack Obama pudo haberlo señalado por tratar de camuflar un plan para los ricos. En cambio, el presidente cambió el tema. Los asesores de Obama, entretanto, han dejado una gran cantidad de pruebas de video de que buscaron, por razones que aún no son claras, presentar el ataque terrorista en el que fue asesinado el embajador de los Estados Unidos en Bengasi, el 11 de septiembre, como una protesta que se salió de madre. Romney lanzó algunas pullas sobre los ataques, pero de una manera tan incoherente que Obama parecía ser la única persona que tenía la más mínima idea de lo que estaba diciendo.
Hubo un tema, sin embargo, en el que ambos candidatos tenían las ideas claras y estaban plenamente de acuerdo. Ambos quieren “mano dura” contra China. Romney acusa a China de depreciar su moneda, el renminbi, para mantener su actual excedente comercial con los Estados Unidos. “El primer día —dijo— describiré a China como una manipuladora de divisas”, una formalidad que le permitiría tomar ciertas acciones de reparación.
Obama no contradijo en principio la queja de Romney. Sólo dijo que había hallado formas efectivas de lograr que China aumente el valor del renminbi por 11%. También acusó a Romney de haber “invertido en compañías que eran pioneras en exportar trabajados a China”.
Ambos candidatos están rechazando el libre comercio en nombre del libre comercio. Sin darse cuenta corren el riesgo de hacer promesas difíciles de romper. Romney había utilizado su línea del “primer día” durante la campaña en Ohio durante el mes de septiembre, pero los discursos en el interior del país son más fáciles de olvidar que los debates televisivos.
Obama tiene razón en decir que el renminbi ha caído durante los últimos años, aunque esto probablemente es por el declive en la demanda por las exportaciones chinas, inducido por la crisis económica, que por algo que haya hecho su Departamento del Tesoro. Charles Dumas, de Investigaciones Lombard Street, ha argumentado últimamente que por ignorar la inflación en los mercados laborales de China y en el sector de exportación, “estamos sobreestimando la competitividad de China”.
Aquellos que siguen de cerca a China podrían estar sorprendidos por cuán efectivos en términos políticos son los ataques a China. Un estudio del Centro de Investigaciones Pew, publicado en septiembre, arrojó que había una gran diferencia entre las opiniones populares y las de la élite en esta materia. Entre el público general de los Estados Unidos, el 78% considera que la gran cantidad de deuda que tiene China es un “problema muy serio”, en comparación con tan sólo el 20% de los líderes de gobierno y el 19% de los académicos de China.
Las potenciales pérdidas laborales a causa del comercio con China son tomadas en serio por el 71% de los estadounidenses, pero tan sólo por el 15% de los empresarios. Es difícil determinar si la retórica antichina se traduce de forma confiable a votos. Según Pew, aunque los americanos consideran que China es un rival, se preocupan mucho más por los islamistas, por las bombas atómicas y por los carteles de droga mexicanos.
No obstante, es claro que se está desmoronando el consenso que Estados Unidos ha mantenido durante mucho tiempo a favor de la liberalización del comercio. Cuando el grupo de redes chino Huawei consideró entrar a las bolsas occidentales este año, los americanos se preocuparon. Un informe publicado este mes por el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes se opuso, por razones de seguridad, a que Huawei construyera redes 4G en los Estados Unidos.
Visto con cabeza fría, de hecho, el consenso alrededor del libre comercio se vino abajo hace tiempo. Luego de un cuarto de siglo se acabó la “vía rápida” del Congreso para aprobar de forma expedita las negociaciones de tratados que vencían en 2007, y el clamor para que se renueven resulta débil.
Nadie ha mencionado desde 2008 la Ronda Doha de negociaciones de la Organización Internacional de Comercio y la mayoría de la legislación de la OIC se remonta a una carrera de leyes aprobadas a finales de los años noventa. Así el libre comercio haya llegado a un punto de retornos económicos decrecientes, ha llegado a un punto de retornos políticos decrecientes. Esto no implica un regreso inmediato al proteccionismo, pero significa el fin de la era de liberalización estable. Durante las próximas décadas podremos ver cómo se deshace gradualmente el régimen de libre comercio que se construyó durante el siglo XX.

Movimiento emergente afectado pero en movimiento


La otra cara de los Brics

Por: Gideon Rachman

A pesar de ser catalogados como el nuevo orden hace cinco años, su situación actual inspira temores.



Durante los últimos tres años la sabiduría convencional dividió a las grandes economías del mundo en básicamente dos grupos: los Brics y los enfermos. Los Estados Unidos y la Unión Europea estaban enfermos, pues lidiaban con un alto desempleo, bajo crecimiento y deudas escalofriantes. Por otro lado, los Brics (Brasil, Rusia, India, China y, para algunos, Sudáfrica) eran más dinámicos. Los inversionistas, hombres de negocios y políticos occidentales, hicieron peregrinajes frecuentes a estos países para dilucidar el futuro.
Sin embargo, ahora parece que sucede algo extraño. Los Brics se encuentran en dificultades. La naturaleza del problema en cada nación es distinta, pero hay algunos inconvenientes que los ligan. Primero, a pesar de los esperanzadores comentarios en torno a “la separación”, están siendo afectados por la debilidad de las economías occidentales. Segundo, las cinco naciones están dándose cuenta de que la corrupción endémica está erosionando la fe en sus sistemas políticos e imponen un impuesto sobre sus economías.
China sigue siendo el papá de los poderes emergentes. Es la segunda economía más grande del mundo y fácilmente el Bric que crece con la mayor rapidez; sin embargo, se siente más incierto que hace muchos años sobre su futuro económico y político. Como lo dijo un amigo chino hace poco: “Nuestra economía está desacelerándose rápidamente, nuestro próximo líder ha desaparecido y estamos enviando barcos hacia Japón”. Xi Jinping ha reaparecido de manera tan misteriosa como desapareció en un principio. No obstante, las tensiones políticas siguen siendo altas, pues está por iniciar el juicio de Bo Xilai y un importante congreso del partido.

Una China que desacelere tendrá un efecto dominó sobre los otros Brics, pues hoy es el socio comercial más grande de Brasil, India y Sudáfrica. El crecimiento del Brasil ha caído particularmente rápido. Llegó a 7,5% en 2010, el año después de que Río de Janeiro fuese nombrada la ciudad sede para las Olimpiadas de 2016. Este año la economía probablemente crezca menos de 2%.
En cuanto a India, cuando visité el país hace un par de semanas, un importante empresario me dijo que los negocios allí estaban padeciendo una “depresión clínica”. El crecimiento, que llegó a 9% antes de la crisis financiera, está poco más que sobre el 5%. Durante el verano, el país recordó sus debilidades a causa del apagón eléctrico más grande del mundo, que afectó a más de 600 millones de personas. El sistema político parecía paralizado y el proceso de reforma económica no avanzaba. Un par de anuncios recientes han elevado las esperanzas de que puedan reiniciar las reformas; sin embargo, la exuberante confianza de hace algunos años ha, en gran parte, desaparecido.
Rusia también tiene problemas. El regreso de Vladimir Putin al Kremlin provocó protestas masivas en Moscú y la revolución del gas de esquisto en los Estados Unidos es potencialmente desastrosa para Rusia, pues reduce el precio mundial. Su banco central predice que el país padecerá de un déficit corriente para 2015. Los dos pilares del sistema Putin, una clase media complaciente y una cascada de dinero proveniente del petróleo y el gas, comienzan a verse frágiles.
Jim O´Neill, economista de Goldman Sachs que inventó el término ‘Brics’, ha argumentado que la economía de Sudáfrica no es lo suficientemente grande como para estar junto a las otras. Pero el país ha asistido a las dos últimas cumbres de los Brics y será el anfitrión de la próxima.
Si los nuevos rasgos distintivos de los Brics son una economía debilitada y un escenario político disfuncional, Sudáfrica se ha ganado su lugar entre ellos. Su industria minera está plagada de huelgas violentas y probablemente genere la pérdida de miles de trabajos durante el próximo año. El crecimiento probablemente caiga a menos de 3% y la falta de liderazgo de Jacob Zuma genera una profunda ansiedad.
No hay una línea que vincule el descontento en las minas de platino de Sudáfrica, los problemas en las fábricas chinas, los apagones en India, las protestas en Moscú y las investigaciones por corrupción en Brasil; pero hay muchos temas comunes a los problemas de los Brics. Primero, fueron prematuras las afirmaciones de haberse “separado” de Occidente. La UE sigue siendo, colectivamente, la economía más grande del mundo. La recesión que se padece allí y el lento crecimiento en Estados Unidos inevitablemente afectan a todo el mundo.
Segundo, todos los años de rápido crecimiento no han generado armonía política en los Brics. El tema común a todos estos países, sean democracias o autocracias, es que la política está protagonizada por la furia que generan en la ciudadanía los escándalos de corrupción. Esto hace que los políticos e inversionistas estén preocupados por una potencial inestabilidad.
¿Así que los Brics fueron una historia de hadas? En realidad no. Es cierto que la visión extrema de la historia, llena de oportunidad y optimismo, era ridícula. Pero a pesar de sus dificultades, la mayoría de ellos seguirán creciendo más rápido que el primer mundo durante algunos años. Esto quiere decir que el movimiento del poder económico y político, desde Occidente hacia el mundo emergente, seguirá siendo la gran historia de nuestros tiempos.

Conoce realmente Colombia el destino de sus políticas?


Continúa el deterioro de la producción

Por: Eduardo Sarmiento

Los anuncios oficiales para contrarrestar el choque externo de la economía mundial no se han cumplido. Contrario a las previsiones oficiales, la economía completó tres trimestres de deterioro progresivo de la actividad productiva



La crisis externa y el TLC no demoraron en manifestarse en las cuentas externas; las exportaciones han descendido durante tres meses seguidos, las importaciones de materias primas no muestran mayor variación y las importaciones de alimentos están disparadas. La producción industrial cayó 1,9% en agosto y el estancamiento se extiende al comercio y los servicios. La producción de cemento desciende, las licencias de construcción caen, la inversión en obras civiles crece por cambios metodológicos. Lo más grave es que la modesta recuperación del empleo se frenó. Todo el aumento de la ocupación se genera en la informalidad y el desempleo volvió a subir en las ciudades.
Frente a este panorama se plantea el interrogante sobre la capacidad de la política macroeconómica para enfrentar los ciclos de la producción. La primera limitación se encuentra en la naturaleza de burbuja de la economía. La entrada masiva de inversión extranjera se manifiesta en déficit en cuenta corriente y revaluación que dan lugar a una expansión del crédito muy superior al crecimiento del PIB, que no es sostenible. El sistema se mantiene en un estado permanente de incertidumbre. Así, en el momento del deterioro de la actividad productiva se generan expectativas que enrarecen los índices de solvencia y precipitan las instituciones a cortar el crédito. Es precisamente lo que ha sucedido en lo corrido del año. La cartera bancaria, que venia creciendo al 22%, pasó a hacerlo a la mitad, y los agregados monetarios evolucionan por debajo de la tendencia histórica.
La política fiscal está frenada por la ejecución. Los recursos provenientes de las regalías se mantienen congelados en el Banco de la República. Los excesivos sobrecostos y demoras que caracterizaron los proyectos de infraestructura constituyen un palo en la rueda para su expansión.
El aspecto más desconcertante es la intervención cambiaria. El Banco elevó en 30% las compras de divisas sin ningún efecto tangible. El tipo de cambio se mantiene cerca de $1.800.
La explicación es la misma de siempre. Los especuladores no creen que el Emisor eleve el tipo de cambio y adquiera todas las divisas para sostenerlo. Cuando la emisión monetaria llega a un monto que tienen muy bien calculado, proceden a suspender o moderar la intervención. En consecuencia, la acción de los agentes privados consiste en seguir las compras oficiales de divisas hasta alcanzar un punto en que proceden a realizar las ganancias y tumbar la cotización. Lo que debe hacer el Banco de la República es reconocer el fracaso de la modalidad de cambio flotante y anunciar la adquisición de todas las divisas a un precio sugerido independientemente de la emisión.
Los hechos demuestran de nuevo que el Banco de la República dispone de amplia discrecionalidad para detener brotes inflacionarios, pero carece de capacidad para enfrentar los choques recesivos. En la actualidad, las autoridades monetarias no disponen del manejo del crédito, el déficit fiscal y el tipo de cambio para contrarrestar el decaimiento de la producción y el empleo.
La predicción es la misma de principio de año. El desempeño del tercer trimestre será inferior al del segundo. El crecimiento del producto continuará la tendencia decreciente y terminará en cerca de 3,5% en el cuarto trimestre.

Reforma tributaria con propósitos inciertos

Por: Eduardo Sarmiento

Hace dos años analicé la reforma tributaria esbozada por el ministro Echeverry. Señalé que la iniciativa pretendía bajar los impuestos al capital y trasladarlos a los ingresos del trabajo mediante la elevación del IVA a los productos de primera necesidad.


La versión presentada por el ministro Cárdenas se fundamenta en el mismo principio, pero la forma es totalmente distinta.
La reforma contempla cinco aspectos centrales: elevación de los gravámenes a los grupos con salarios superiores a ocho millones mensuales mediante la tasa presuntiva a los ingresos totales; baja de los parafiscales de 29,5% a 16%; simplificación del IVA a tres tarifas, baja del impuesto de ganancias ocasionales de 30% a 10% y la introducción del impuesto a la equidad.
El efecto grande a la reforma es la elevación del gravamen a las rentas del trabajo superiores a $8 millones mensuales. Mal podría decirse que los mayores ingresos tributarios se destinarán a las escalas más bajas de ingreso. Su verdadera finalidad es compensar la baja de los recaudos ocasionados por la disminución de los parafiscales. Queda al descubierto que el propósito de la reforma es reducir los ingresos del trabajo con respecto al capital para abaratar los costos salariales y aumentar el empleo y la formalización de la mano de obra.
El expediente es de la misma familia de la flexibilización laboral que presume que el desempleo se origina en rigideces laborales y, en consecuencia, se corrige bajando los salarios. En aras de esas doctrinas se recortaron las compensaciones por horas extras y dominicales, se crearon las cooperativas de trabajadores, se ajustó el salario mínimo por debajo de la productividad y se incrementó la tributación indirecta.
La política fracasó. En los 10 años siguientes el desempleo se mantuvo por encima de 10%, la informalidad superó el 65% y los ingresos del trabajo en el PIB declinaron. El efecto fue opuesto.
Quién garantiza que cuando las empresas obtienen mayores ganancias por baja de los costos laborales, los orienten a contratar trabajadores informales. Lo más probable es que una parte se la apropien y la restante la destinen a atender presiones salariales. No existe la mano invisible que convierta las ganancias en contrataciones de trabajadores. Así lo confirman las leyes del primer empleo e informalidad.
Aquí no paran las asimetrías. Adicionalmente, se bajan las ganancias ocasionales de 30 a 10% y se reducen las escalas del IVA de siete a tres tarifas. La primera disminuye los gravámenes del capital y la segunda eleva los del trabajo. Por su parte, el llamado impuesto de la equidad de 8% es un juego aritmético.
La propuesta contempla múltiples cambios en la legislación que se compensarán con variaciones de salarios y precios que dificultan la cuantificación. De todas formas, es incuestionable que baja los ingresos del trabajo y eleva los del capital. Y no hay ninguna base científica para esperar que semejante estructura aumente el empleo y la formalidad. Estamos ante una iniciativa inequitativa incierta

Es realmente la solución a lo que necesitan?


Europa: la salida es más integración



Javier Solana recuerda lo que es y representa la Unión Europea.

De entre la vorágine de problemas económicos que nos rodea sigue sobresaliendo una afirmación que no conviene olvidar: la Unión Europea es la primera economía del mundo. Su PIB es de más de 15 billones y medio de euros, superior al de Estados Unidos, que se sitúa en segunda posición. La UE es también la segunda exportadora e importadora del mundo, tras China y EE. UU. respectivamente, siendo responsable del 20 por ciento del comercio a nivel mundial; lo que nos convierte en la primera potencia comercial del planeta.

Sin embargo, los datos no esconden que el modelo institucional que ha permitido el actual nivel de integración ya no es suficiente para dar respuesta a los problemas generados por la crisis. Es necesario avanzar con mucha más determinación y rapidez en la profundización de la integración europea. Si no lo hacemos, existe un riesgo real de que el descontento social socave los cimientos de la UE antes de que podamos culminar el proceso de integración que solucione los problemas que ahora asfixian a millones. Estos problemas no pueden desligarse de la manera en la que la Unión se presenta ante el mundo; una Unión que es ahora el principal foco de preocupación económica mundial. Para que la U. Europea siga siendo sinónimo de futuro, tendremos que salir de este atolladero apostando por más integración. Y esa integración conducirá a una política exterior europea unida, coherente y efectiva en un mundo que cambia vertiginosamente.
La realidad sigue demostrando que el mundo hoy ya es multipolar. Lo que no está garantizado en absoluto es que el sistema internacional sea capaz de regirse mediante normas comunes adoptadas en foros multilaterales: sin una gobernanza global multilateral efectiva se crearán dinámicas mucho más peligrosas y potencialmente conflictivas que las hemos visto hasta hoy. Es precisamente aquí donde Europa tiene algo que decir y que ofrecer: sigue estando a la vanguardia de la innovación en el diseño institucional -una de las grandes exigencias de este siglo- del que es su mejor y más exitoso ejemplo.
Otros lugares del mundo están experimentando un crecimiento económico sin precedentes. Pero otro gran reto se plantea a continuación: sobre la base de ese crecimiento económico sostenido hay que crear sistemas políticos justos, sociedades abiertas, inclusivas y respetuosas con los derechos humanos y el medio ambiente. Y en estas cuestiones los europeos también vamos un paso por delante.

Afortunadamente, hoy no solo los países europeos dan el paso de poner en común la soberanía. Un buen ejemplo es el trabajo que se está haciendo en la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean), que está dando pasos muy valientes en una parte del mundo en donde la integración nunca ha sido la norma. No lo perdamos de vista y no dejemos, con una visión estratégica, de acompañarles en tan meritorio viaje.

Es precisamente esta región, Asia-Pacífico, la que está llamada a ser el centro de las relaciones internacionales a medio y largo plazo. Estados Unidos ya ha hecho pública la reorientación estratégica en las prioridades de su política exterior para ponerlas precisamente allí, escenario de viejos y numerosos litigios aún sin resolver: disputas territoriales, fronterizas, un nacionalismo rampante y mucha desconfianza. China no quiere ver un siglo XXI dominado por un G2 en el que se encuentre sola con Estados Unidos. Prefiere, al menos, un G3 donde debería estar la Unión Europea: además de las buenas relaciones que mantenemos con ambos, nuestra experiencia en resolución multilateral de problemas podría tener un valor incalculable. En la Conferencia de Seguridad de Múnich, de febrero del año pasado se ponía sobre la mesa una idea que debe estar presente en toda aproximación que se haga hacia esta región: los problemas de seguridad están ocultos por un crecimiento económico extraordinario, pero pueden salir a la luz, como ya de hecho estamos viendo al hilo de los problemas en el Mar de China Meridional.
Si llevamos el foco a nuestra vecindad, comprobamos que el momento unipolar europeo de los años 90 ha llegado a su fin. Rusia no se ha acercado a los estándares europeos, Turquía ya desarrolla una política exterior propia con vocación de potencia regional y el sur del Mediterráneo ha dicho basta al statu-quo por medio de unas revoluciones que nunca vimos venir. El poder blando y el modelo de diálogo multilateral sigue siendo el camino para lograr una vecindad oriental próspera y un Mediterráneo recuperado como punto fundamental de encuentro y cooperación política, económica y energética.
Con el continente americano la vecindad es de otra naturaleza: la proximidad no es física sino que se basa en unos valores y en una visión compartida. En un mundo complejo y en cambio constante, la acción coordinada con Estados Unidos solo puede y solo debe progresar. Además, cualquier observador imparcial reconocerá que América Latina será uno de los grandes beneficiarios del siglo XXI, por lo que una mayor profundización en la relación entre ambos continentes constituye un elemento clave para ambos.

La Unión Europea tiene vocación de potencia internacional por su pasado, su presente y -ante todo- su futuro. La elección se presenta en términos muy simples: o actuamos unidos para hacer frente a los enormes desafíos que presentan los cambios en el orden mundial, y que van a caracterizar -están ya caracterizando- al siglo XXI, o permanecemos como espectadores de un mundo en el que ya poco o nada tendremos que decir. Es el futuro, donde nos jugamos la prosperidad y la viabilidad de nuestro ahora cuestionado modelo socioeconómico, el que nos tiene que convencer de que los Estados europeos, por separado, son demasiado pequeños para el escenario global y de que la integración europea es el único camino.

Javier Solana
Exministro español y primer 'canciller' de la Unión Europea.

España en Independencia Interna


España: ¿de la crisis al colapso?

Por: César Ferrari *

Un desempleo rampante, desconfianza en el Gobierno, regiones queriendo independizarse y un déficit creciente, son factores que pueden llevar a la política española a un momento crítico



La Gran Recesión 2008-2009 redujo los ingresos externos de España y consecuentemente los internos, lo que estancó su economía y en particular el turismo, una de sus principales actividades. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD), en 2009 el turismo en España representaba 10,7% del PIB y generaba 12,7% del empleo.
Ello se tradujo en menores ventas, producción, empleos, salarios, utilidades y, por lo tanto, menor recaudación tributaria. Como aumentó el gasto fiscal para evitar una recesión mayor, el déficit público alcanzó niveles elevadísimos. Según el Banco Mundial, en 2007 España tenía un superávit fiscal de 2,4% del PIB y en 2009 tenía un déficit de 8,6%.
De tal modo, la deuda pública española aumentó: en 2010, según el FMI, representaba 60,1% del PIB, ciertamente no tan elevada. La elevada es la deuda privada. Según el Banco Mundial, en 2000 equivalía a 97,7% del PIB y en 2010 llegó a 211,6%. En ningún otro país creció de tal manera en tan corto tiempo.
La largueza de los bancos españoles, financiados por los alemanes, produjo una explosión de créditos hipotecarios que generó una elevación de los precios inmobiliarios. Cuando se produjo la crisis, al quedarse sin ingreso muchos de los españoles endeudados no pagaron sus créditos. La consecuencia fue un descalabro bancario y una parálisis inmobiliaria y constructiva.
La nueva crisis se trató de resolver mediante la asistencia financiera europea condicionada a un ajuste que incluye: reordenamiento fiscal, aumento de impuestos, reducción de salarios y pensiones, menores gastos públicos y venta de activos estatales.
Pero el ajuste implica una caída adicional de ingresos que se traduce a su vez en menos compras, ventas, producción y, consecuentemente, más desempleo. Según Eurostat, en agosto de 2011 el desempleo en España alcanzaba a 22,0% de la población laboral y en agosto de 2012, al 25,1%. Esta es la mayor tasa de Europa. El desempleo entre los jóvenes llegaba a 52,9%. Dichas cifras son similares a las de la Gran Depresión: España está en depresión económica.
Como perder calidad de vida no satisface a nadie, genera protestas y conflictos sociales, más graves cuanto mayor es el ajuste. Adicionalmente, no es claro si el ajuste español tendrá éxito antes de que la ayuda se agote, lo que genera más incertidumbre e insatisfacción. Los indignados españoles, sus reiteradas ocupaciones callejeras, sus protestas, populares y desorganizadas, son una expresión de esos conflictos sociales.
Las crisis sociales graves tarde o temprano desembocan en crisis políticas. En los países democráticos se procesan mediante elecciones o cambios de la mayoría parlamentaria. En las elecciones de noviembre de 2011 el Partido Socialista perdió el Gobierno y fue sustituido por el Partido Popular de derecha.
Pero la crisis española continúa agravándose y el Gobierno es cada vez más impopular. No obstante, pareciera muy reciente para que colapse pues tiene aún una amplia mayoría parlamentaria. Lo que puede colapsar es el país.
El 25 de noviembre de 2012 se realizarán elecciones anticipadas en Cataluña para elegir un ejecutivo cuyo actual presidente, que seguramente será reelegido, proclama la convocatoria a un referéndum por la independencia catalana. Aspiración de vieja data que las encuestas actuales muestran victoriosa. Cobró fuerza luego de que el 20 de septiembre de 2012 fracasara la negociación entre Barcelona y Madrid por una mayor autonomía fiscal e, implícitamente, por un ajuste más flexible.
Si la independencia catalana triunfa, el País Vasco, con la misma aspiración, también de vieja data, seguiría el mismo camino. Se independizarían así las regiones más desarrolladas y España se reduciría a Madrid, centro administrativo diseñado para un país más grande, y a las regiones menos desarrolladas, innovadoras y emprendedoras.
La historia es siempre aleccionadora: luego de la Primera Guerra Mundial, las desmedidas reparaciones que los aliados impusieron a Alemania en el Tratado de Versalles generaron un rechazo inmenso entre los alemanes. Ello, entre otros elementos, facilitó el fortalecimiento del nazismo que abanderó las protestas contra dichas reparaciones y estimuló el tránsito a la Segunda Guerra Mundial y a millones de muertos.
España es hoy, ciertamente, una sociedad y un Estado muy diferente a la Alemania de los años veinte, pero enfrenta ajustes similarmente excesivos y conflictos sociales no despreciables. Los resultados políticos, más allá de los ya producidos, pueden ser imprevisibles.

lunes, 20 de agosto de 2012

IDEAS BÁSICAS SOBRE LA GANANCIA EN EL COMERCIO

LAS GANANCIAS DEL COMERCIO Y DE LA ESPECIALIZACIÓN 


El núcleo más duro de la teoría económica es la idea de las ganancias del comercio. De ella se desprende toda la lógica del mercado. No debe sorprender que, en La Riqueza de las Naciones de Adam Smith, el análisis de las ventajas del comercio haya sido la base para postular la mano invisible del mercado como mecanismo de coordinación social eficiente, descentralizado y de amplísimo alcance.

Es necesario precisar que este tipo de discusión no tiene por objeto describir el mundo real. Con supuestos muy restrictivos, se elabora un acertijo lógico ("puzzle", como decía Jesús Antonio Bejarano) Y se ofrece una solución. No obstante, ese ejercicio de razonamiento es útil para entender los hechos reales de la ECONOMÍA INTERNACIONAL..... lea más aquí


COMO EVALUAR ESTO EN EL PARA BIEN DEL COSTE DE OPORTUNIDAD?

Si Michael Jordan es el mejor jugador de baloncesto del mundo, y también el que mejor corta el césped…
¿debe cortar él mismo su césped?  …
¡Éste es el clásico ejemplo moderno para ilustrar la ventaja competitiva!
La ventaja comparativa explica por qué incluso a la persona más dotada para todas la actividades, le interesa especializarse en lo que comparativamente hace mejor.
Lo que determina la especialización es el coste de oportunidad y no la productividad.


Ejercicio:

1. De lo propuesto en el ejercicio anterior tendremos que elaborar uno de la vida práctica o del diario vivir de cada uno, es decir, tendrán que determinar que de sus vidas cotidianas les representa su PRODUCTIVIDAD y su COSTE DE OPORTUNIDAD de acuerdo a las explicaciones dadas en el documento soporte (PDF La Presentación de Las Ventajas Comparativas). Si aún apesar de la clara explicación dada en el documento surgen dudas al respecto por favor:  a. Consultar previamente y b. Escribirme la duda para otorgar la debida explicación.

Fecha límite de entrega será el Viernes 24 de Agosto. No se recibirán trabajos extemporáneos 

ÉXITOS!!


miércoles, 15 de agosto de 2012

Revisemos que tan líder puede ser Colombia...


Colombia puede asumir un liderazgo aún más global

Agosto 12 de 2012 - 12:32 pm

Jeffrey Sachs, economista más influyente del planeta según The New York Times, habló Sobre Colombia con uno de sus medios.



Pocos economistas inspiran tanto respeto en el mundo actualmente como Jeffrey Sachs. Con 57 años cumplidos y un doctorado de la Universidad de Harvard, este experto en crisis económicas tiene una larga experiencia como asesor de gobiernos en América Latina y Europa Oriental.

Debido a su interés en temas globales, fue incluido en las lista de las 100 personas más influyentes de la revista Time y citado por The New York Times como el economista más influyente del planeta. Colaborador habitual del Financial Times y The Economist, su libro El precio de la civilización llegó a la lista de los más vendidos en Estados Unidos hace pocos meses.

Más recientemente se ha concentrado en asuntos ambientales y de desarrollo, gracias a su cercanía a las Naciones Unidas, en donde es asesor del secretario general de la organización multilateral. Vinculado actualmente a la Universidad de Columbia, en Nueva York, es director del Instituto de la Tierra y profesor de desarrollo sostenible.
Conocedor de Colombia desde hace décadas, estuvo a finales de la semana en Cartagena invitado por la Andi, con ocasión de su asamblea anual. EL TIEMPO lo entrevistó en exclusiva.

Las cifras confirman que la economía mundial no anda bien. ¿Cuál es su percepción?
Sabemos que hay una desaceleración casi sincronizada en diferentes regiones importantes. China crece a un ritmo más lento, India enfrenta una coyuntura complicada, Europa está en recesión y Estados Unidos no camina bien. Los precios de los productos básicos han caído en cerca de un 20 por ciento frente a su pico reciente, y eso golpea a América Latina y África. De manera que estamos viviendo tiempos difíciles.

¿Puede empeorar la situación?
Hay varios peligros reales si alguno de los peores escenarios se vuelve realidad en los sitios que mencioné. Por ejemplo, si la crisis europea empeora dramáticamente, golpearía a todo el mundo. También si el frenazo de los chinos se prolonga mucho, cambiaría radicalmente las posibilidades de los países emergentes. Por último, si la economía estadounidense se contrae, no hay muchas herramientas a la mano para impulsarla y eso se sentiría en todas partes.

¿Y usted cree que algo de eso va a suceder?
No me atrevo a predecir lo peor, pero reconozco que los riesgos son mayores ahora que hace unos meses. Hoy por hoy hay más probabilidades de que las cosas empeoren.

¿Dónde se ubican las mayores preocupaciones?
En el corto plazo, en Europa, porque podría detonar muchas tempestades si Grecia se derrumba y España o Italia la siguen. Pero en un escenario más largo, el tema más inquietante es Asia, que ha sido el motor de la economía global durante más de una década. Espero que siga así, pero si eso no sucede tendríamos que redefinir las perspectivas del planeta.
¿A qué se refiere?
Le doy un ejemplo: si los bienes primarios caen otro 20 por ciento, las posibilidades de las economías latinoamericanas de seguir creciendo bien serían mucho menores. Eso afectaría las conquistas en materia de pobreza y expansión de la clase media. Dicho lo anterior, soy optimista en el sentido de que vamos a sobreaguar y los países menos ricos van a recortarles terreno a los desarrollados, como ha venido sucediendo.

Pero aun así, ¿la ventana durará mucho tiempo abierta?
Esta región, al igual que África, se ha visto favorecida por un entorno internacional propicio, porque el rápido crecimiento de Asia se ha traducido en una gran demanda de materias primas, agrícolas, minerales y energéticas. Lo que ha pasado en Colombia también se ha visto en Brasil, Chile o Perú. De tal manera que si al otro lado del Pacífico las cosas andan bien, eso va a ayudar mucho. Allá tienen la población y aquí, los recursos naturales. Son realidades complementarias.

¿Con eso basta para América Latina?
Eso no es suficiente. Los temas sociales y políticos pesan mucho en esta región y lo seguirán haciendo. No obstante, es claro que hay mejores instituciones ahora que antes. Incluso la desigualdad, que es uno de los peores pecados de América Latina, ha disminuido por cuenta de programas que han sido exitosos. De manera que no se trata de lo uno o lo otro. El sólido crecimiento de los últimos años que vino de afuera no habría sido posible sin las reformas adoptadas dentro.

¿Eso lo hace optimista sobre la región?
Así es. Sobre todo cuando uno mira los líos que hay en el mundo de hoy: la inestabilidad en el Medio Oriente, la tensión entre islamistas y cristianos en África, el fraccionamiento de un buen número de países, las crisis alimentarias y la falta de agua. Cuando uno junta todas esas piezas se da cuenta de que aquí las condiciones son buenas y la democracia funciona relativamente bien. Por eso me gusta lo que veo, sin desconocer los riesgos.

¿Qué errores se deberían evitar en medio de la bonanza que traen los productos básicos?
América Latina sabe más de bonanzas y destorcidas que ningún otro sitio del mundo. El consejo sencillo es que eviten la destorcida (risas).

¿Cómo?
No se endeuden demasiado, no vuelvan esto un auge del consumo, eviten las burbujas inmobiliarias, no crean que los precios altos del petróleo, el carbón u otros productos van a ser permanentes y manejen la tasa de cambio para que no se les aprecie demasiado y así no sufran de enfermedad holandesa. Además, tienen que invertir bien en infraestructura y capital humano, en particular en este último porque la calidad de la educación es mala.

¿Qué más hay que tener en cuenta?
Que no esperen ayuda de nadie si las cosas se ponen difíciles. Este es un momento en el que no hay liderazgo en el mundo. El Grupo de los 20 es muy débil, y Estados Unidos y Europa están concentrados en sus propios problemas. Cada región está relegada a su suerte. En resumen, sean cuidadosos, prudentes y piensen bien lo que van a hacer.

¿De qué manera?
Fíjense un horizonte de tiempo, ojalá de diez años o más, en cuanto a metas. Analicen las oportunidades, los riesgos y las vulnerabilidades. Identifiquen la importancia de la tecnología y la innovación, que le ha cambiado la cara al mundo. Colombia se tiene que meter en eso, en los campos de las tecnologías de la información y la biodiversidad. Brasil lo está haciendo bien y también Chile.

¿Cuál su percepción sobre cómo va el país?
Mi relación con Colombia lleva mucho tiempo. Juan Luis Londoño (el fallecido exministro de la Protección Social) fue uno de mis estudiantes y me enseñó mucho a entender esta nación. A lo largo de tres décadas he visto los altibajos. Por eso digo que ahora están en una situación de fortaleza que no tiene precedentes. Este país ha tenido un progreso tremendo y cuenta con un buen liderazgo que entiende la oportunidad histórica que tiene.

¿Eso trasciende internacionalmente?
Sin duda. El caso más reciente fue el de la Cumbre de Río + 20, en la que Colombia jugó un papel importantísimo. Ahora que su Canciller tiene un espacio en la ONU por cuenta de la nueva mirada a las metas del milenio, tienen la posibilidad de representar un rol de liderazgo aún más global.

¿De qué depende?
De que lo entiendan y de que el mundo no se descuaderne. Esperemos que la salud de Europa no empeore mucho y que la de China se mantenga. En ese caso van a tener una oportunidad extraordinaria para salir adelante. No la desperdicien.

RICARDO ÁVILA Director de Portafolio