viernes, 26 de octubre de 2012

Free commerce is over?..


Se acabó el consenso del libre comercio

Por: Christopher Caldwell / Financial Times

Pese a sus diferencias, Barack Obama y el candidato presidencial Mitt Romney están de acuerdo en que quieren mano dura contra China. Esta y otras muestras dejan ver que en Estados Unidos se desmorona el régimen de libre comercio.



Un observador del debate del martes entre los candidatos presidenciales habría tenido una impresión incómoda de cuán agotadora puede ser una campaña para la Casa Blanca. Cada candidato tuvo la oportunidad de realizar un golpe retórico a su rival, pero no tuvo la energía o la astucia para hacerlo.
Cuando Mitt Romney prometió ayudar a la clase media cortando los impuestos sobre los intereses, dividendos y ganancias al capital, Barack Obama pudo haberlo señalado por tratar de camuflar un plan para los ricos. En cambio, el presidente cambió el tema. Los asesores de Obama, entretanto, han dejado una gran cantidad de pruebas de video de que buscaron, por razones que aún no son claras, presentar el ataque terrorista en el que fue asesinado el embajador de los Estados Unidos en Bengasi, el 11 de septiembre, como una protesta que se salió de madre. Romney lanzó algunas pullas sobre los ataques, pero de una manera tan incoherente que Obama parecía ser la única persona que tenía la más mínima idea de lo que estaba diciendo.
Hubo un tema, sin embargo, en el que ambos candidatos tenían las ideas claras y estaban plenamente de acuerdo. Ambos quieren “mano dura” contra China. Romney acusa a China de depreciar su moneda, el renminbi, para mantener su actual excedente comercial con los Estados Unidos. “El primer día —dijo— describiré a China como una manipuladora de divisas”, una formalidad que le permitiría tomar ciertas acciones de reparación.
Obama no contradijo en principio la queja de Romney. Sólo dijo que había hallado formas efectivas de lograr que China aumente el valor del renminbi por 11%. También acusó a Romney de haber “invertido en compañías que eran pioneras en exportar trabajados a China”.
Ambos candidatos están rechazando el libre comercio en nombre del libre comercio. Sin darse cuenta corren el riesgo de hacer promesas difíciles de romper. Romney había utilizado su línea del “primer día” durante la campaña en Ohio durante el mes de septiembre, pero los discursos en el interior del país son más fáciles de olvidar que los debates televisivos.
Obama tiene razón en decir que el renminbi ha caído durante los últimos años, aunque esto probablemente es por el declive en la demanda por las exportaciones chinas, inducido por la crisis económica, que por algo que haya hecho su Departamento del Tesoro. Charles Dumas, de Investigaciones Lombard Street, ha argumentado últimamente que por ignorar la inflación en los mercados laborales de China y en el sector de exportación, “estamos sobreestimando la competitividad de China”.
Aquellos que siguen de cerca a China podrían estar sorprendidos por cuán efectivos en términos políticos son los ataques a China. Un estudio del Centro de Investigaciones Pew, publicado en septiembre, arrojó que había una gran diferencia entre las opiniones populares y las de la élite en esta materia. Entre el público general de los Estados Unidos, el 78% considera que la gran cantidad de deuda que tiene China es un “problema muy serio”, en comparación con tan sólo el 20% de los líderes de gobierno y el 19% de los académicos de China.
Las potenciales pérdidas laborales a causa del comercio con China son tomadas en serio por el 71% de los estadounidenses, pero tan sólo por el 15% de los empresarios. Es difícil determinar si la retórica antichina se traduce de forma confiable a votos. Según Pew, aunque los americanos consideran que China es un rival, se preocupan mucho más por los islamistas, por las bombas atómicas y por los carteles de droga mexicanos.
No obstante, es claro que se está desmoronando el consenso que Estados Unidos ha mantenido durante mucho tiempo a favor de la liberalización del comercio. Cuando el grupo de redes chino Huawei consideró entrar a las bolsas occidentales este año, los americanos se preocuparon. Un informe publicado este mes por el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes se opuso, por razones de seguridad, a que Huawei construyera redes 4G en los Estados Unidos.
Visto con cabeza fría, de hecho, el consenso alrededor del libre comercio se vino abajo hace tiempo. Luego de un cuarto de siglo se acabó la “vía rápida” del Congreso para aprobar de forma expedita las negociaciones de tratados que vencían en 2007, y el clamor para que se renueven resulta débil.
Nadie ha mencionado desde 2008 la Ronda Doha de negociaciones de la Organización Internacional de Comercio y la mayoría de la legislación de la OIC se remonta a una carrera de leyes aprobadas a finales de los años noventa. Así el libre comercio haya llegado a un punto de retornos económicos decrecientes, ha llegado a un punto de retornos políticos decrecientes. Esto no implica un regreso inmediato al proteccionismo, pero significa el fin de la era de liberalización estable. Durante las próximas décadas podremos ver cómo se deshace gradualmente el régimen de libre comercio que se construyó durante el siglo XX.

Movimiento emergente afectado pero en movimiento


La otra cara de los Brics

Por: Gideon Rachman

A pesar de ser catalogados como el nuevo orden hace cinco años, su situación actual inspira temores.



Durante los últimos tres años la sabiduría convencional dividió a las grandes economías del mundo en básicamente dos grupos: los Brics y los enfermos. Los Estados Unidos y la Unión Europea estaban enfermos, pues lidiaban con un alto desempleo, bajo crecimiento y deudas escalofriantes. Por otro lado, los Brics (Brasil, Rusia, India, China y, para algunos, Sudáfrica) eran más dinámicos. Los inversionistas, hombres de negocios y políticos occidentales, hicieron peregrinajes frecuentes a estos países para dilucidar el futuro.
Sin embargo, ahora parece que sucede algo extraño. Los Brics se encuentran en dificultades. La naturaleza del problema en cada nación es distinta, pero hay algunos inconvenientes que los ligan. Primero, a pesar de los esperanzadores comentarios en torno a “la separación”, están siendo afectados por la debilidad de las economías occidentales. Segundo, las cinco naciones están dándose cuenta de que la corrupción endémica está erosionando la fe en sus sistemas políticos e imponen un impuesto sobre sus economías.
China sigue siendo el papá de los poderes emergentes. Es la segunda economía más grande del mundo y fácilmente el Bric que crece con la mayor rapidez; sin embargo, se siente más incierto que hace muchos años sobre su futuro económico y político. Como lo dijo un amigo chino hace poco: “Nuestra economía está desacelerándose rápidamente, nuestro próximo líder ha desaparecido y estamos enviando barcos hacia Japón”. Xi Jinping ha reaparecido de manera tan misteriosa como desapareció en un principio. No obstante, las tensiones políticas siguen siendo altas, pues está por iniciar el juicio de Bo Xilai y un importante congreso del partido.

Una China que desacelere tendrá un efecto dominó sobre los otros Brics, pues hoy es el socio comercial más grande de Brasil, India y Sudáfrica. El crecimiento del Brasil ha caído particularmente rápido. Llegó a 7,5% en 2010, el año después de que Río de Janeiro fuese nombrada la ciudad sede para las Olimpiadas de 2016. Este año la economía probablemente crezca menos de 2%.
En cuanto a India, cuando visité el país hace un par de semanas, un importante empresario me dijo que los negocios allí estaban padeciendo una “depresión clínica”. El crecimiento, que llegó a 9% antes de la crisis financiera, está poco más que sobre el 5%. Durante el verano, el país recordó sus debilidades a causa del apagón eléctrico más grande del mundo, que afectó a más de 600 millones de personas. El sistema político parecía paralizado y el proceso de reforma económica no avanzaba. Un par de anuncios recientes han elevado las esperanzas de que puedan reiniciar las reformas; sin embargo, la exuberante confianza de hace algunos años ha, en gran parte, desaparecido.
Rusia también tiene problemas. El regreso de Vladimir Putin al Kremlin provocó protestas masivas en Moscú y la revolución del gas de esquisto en los Estados Unidos es potencialmente desastrosa para Rusia, pues reduce el precio mundial. Su banco central predice que el país padecerá de un déficit corriente para 2015. Los dos pilares del sistema Putin, una clase media complaciente y una cascada de dinero proveniente del petróleo y el gas, comienzan a verse frágiles.
Jim O´Neill, economista de Goldman Sachs que inventó el término ‘Brics’, ha argumentado que la economía de Sudáfrica no es lo suficientemente grande como para estar junto a las otras. Pero el país ha asistido a las dos últimas cumbres de los Brics y será el anfitrión de la próxima.
Si los nuevos rasgos distintivos de los Brics son una economía debilitada y un escenario político disfuncional, Sudáfrica se ha ganado su lugar entre ellos. Su industria minera está plagada de huelgas violentas y probablemente genere la pérdida de miles de trabajos durante el próximo año. El crecimiento probablemente caiga a menos de 3% y la falta de liderazgo de Jacob Zuma genera una profunda ansiedad.
No hay una línea que vincule el descontento en las minas de platino de Sudáfrica, los problemas en las fábricas chinas, los apagones en India, las protestas en Moscú y las investigaciones por corrupción en Brasil; pero hay muchos temas comunes a los problemas de los Brics. Primero, fueron prematuras las afirmaciones de haberse “separado” de Occidente. La UE sigue siendo, colectivamente, la economía más grande del mundo. La recesión que se padece allí y el lento crecimiento en Estados Unidos inevitablemente afectan a todo el mundo.
Segundo, todos los años de rápido crecimiento no han generado armonía política en los Brics. El tema común a todos estos países, sean democracias o autocracias, es que la política está protagonizada por la furia que generan en la ciudadanía los escándalos de corrupción. Esto hace que los políticos e inversionistas estén preocupados por una potencial inestabilidad.
¿Así que los Brics fueron una historia de hadas? En realidad no. Es cierto que la visión extrema de la historia, llena de oportunidad y optimismo, era ridícula. Pero a pesar de sus dificultades, la mayoría de ellos seguirán creciendo más rápido que el primer mundo durante algunos años. Esto quiere decir que el movimiento del poder económico y político, desde Occidente hacia el mundo emergente, seguirá siendo la gran historia de nuestros tiempos.

Conoce realmente Colombia el destino de sus políticas?


Continúa el deterioro de la producción

Por: Eduardo Sarmiento

Los anuncios oficiales para contrarrestar el choque externo de la economía mundial no se han cumplido. Contrario a las previsiones oficiales, la economía completó tres trimestres de deterioro progresivo de la actividad productiva



La crisis externa y el TLC no demoraron en manifestarse en las cuentas externas; las exportaciones han descendido durante tres meses seguidos, las importaciones de materias primas no muestran mayor variación y las importaciones de alimentos están disparadas. La producción industrial cayó 1,9% en agosto y el estancamiento se extiende al comercio y los servicios. La producción de cemento desciende, las licencias de construcción caen, la inversión en obras civiles crece por cambios metodológicos. Lo más grave es que la modesta recuperación del empleo se frenó. Todo el aumento de la ocupación se genera en la informalidad y el desempleo volvió a subir en las ciudades.
Frente a este panorama se plantea el interrogante sobre la capacidad de la política macroeconómica para enfrentar los ciclos de la producción. La primera limitación se encuentra en la naturaleza de burbuja de la economía. La entrada masiva de inversión extranjera se manifiesta en déficit en cuenta corriente y revaluación que dan lugar a una expansión del crédito muy superior al crecimiento del PIB, que no es sostenible. El sistema se mantiene en un estado permanente de incertidumbre. Así, en el momento del deterioro de la actividad productiva se generan expectativas que enrarecen los índices de solvencia y precipitan las instituciones a cortar el crédito. Es precisamente lo que ha sucedido en lo corrido del año. La cartera bancaria, que venia creciendo al 22%, pasó a hacerlo a la mitad, y los agregados monetarios evolucionan por debajo de la tendencia histórica.
La política fiscal está frenada por la ejecución. Los recursos provenientes de las regalías se mantienen congelados en el Banco de la República. Los excesivos sobrecostos y demoras que caracterizaron los proyectos de infraestructura constituyen un palo en la rueda para su expansión.
El aspecto más desconcertante es la intervención cambiaria. El Banco elevó en 30% las compras de divisas sin ningún efecto tangible. El tipo de cambio se mantiene cerca de $1.800.
La explicación es la misma de siempre. Los especuladores no creen que el Emisor eleve el tipo de cambio y adquiera todas las divisas para sostenerlo. Cuando la emisión monetaria llega a un monto que tienen muy bien calculado, proceden a suspender o moderar la intervención. En consecuencia, la acción de los agentes privados consiste en seguir las compras oficiales de divisas hasta alcanzar un punto en que proceden a realizar las ganancias y tumbar la cotización. Lo que debe hacer el Banco de la República es reconocer el fracaso de la modalidad de cambio flotante y anunciar la adquisición de todas las divisas a un precio sugerido independientemente de la emisión.
Los hechos demuestran de nuevo que el Banco de la República dispone de amplia discrecionalidad para detener brotes inflacionarios, pero carece de capacidad para enfrentar los choques recesivos. En la actualidad, las autoridades monetarias no disponen del manejo del crédito, el déficit fiscal y el tipo de cambio para contrarrestar el decaimiento de la producción y el empleo.
La predicción es la misma de principio de año. El desempeño del tercer trimestre será inferior al del segundo. El crecimiento del producto continuará la tendencia decreciente y terminará en cerca de 3,5% en el cuarto trimestre.

Reforma tributaria con propósitos inciertos

Por: Eduardo Sarmiento

Hace dos años analicé la reforma tributaria esbozada por el ministro Echeverry. Señalé que la iniciativa pretendía bajar los impuestos al capital y trasladarlos a los ingresos del trabajo mediante la elevación del IVA a los productos de primera necesidad.


La versión presentada por el ministro Cárdenas se fundamenta en el mismo principio, pero la forma es totalmente distinta.
La reforma contempla cinco aspectos centrales: elevación de los gravámenes a los grupos con salarios superiores a ocho millones mensuales mediante la tasa presuntiva a los ingresos totales; baja de los parafiscales de 29,5% a 16%; simplificación del IVA a tres tarifas, baja del impuesto de ganancias ocasionales de 30% a 10% y la introducción del impuesto a la equidad.
El efecto grande a la reforma es la elevación del gravamen a las rentas del trabajo superiores a $8 millones mensuales. Mal podría decirse que los mayores ingresos tributarios se destinarán a las escalas más bajas de ingreso. Su verdadera finalidad es compensar la baja de los recaudos ocasionados por la disminución de los parafiscales. Queda al descubierto que el propósito de la reforma es reducir los ingresos del trabajo con respecto al capital para abaratar los costos salariales y aumentar el empleo y la formalización de la mano de obra.
El expediente es de la misma familia de la flexibilización laboral que presume que el desempleo se origina en rigideces laborales y, en consecuencia, se corrige bajando los salarios. En aras de esas doctrinas se recortaron las compensaciones por horas extras y dominicales, se crearon las cooperativas de trabajadores, se ajustó el salario mínimo por debajo de la productividad y se incrementó la tributación indirecta.
La política fracasó. En los 10 años siguientes el desempleo se mantuvo por encima de 10%, la informalidad superó el 65% y los ingresos del trabajo en el PIB declinaron. El efecto fue opuesto.
Quién garantiza que cuando las empresas obtienen mayores ganancias por baja de los costos laborales, los orienten a contratar trabajadores informales. Lo más probable es que una parte se la apropien y la restante la destinen a atender presiones salariales. No existe la mano invisible que convierta las ganancias en contrataciones de trabajadores. Así lo confirman las leyes del primer empleo e informalidad.
Aquí no paran las asimetrías. Adicionalmente, se bajan las ganancias ocasionales de 30 a 10% y se reducen las escalas del IVA de siete a tres tarifas. La primera disminuye los gravámenes del capital y la segunda eleva los del trabajo. Por su parte, el llamado impuesto de la equidad de 8% es un juego aritmético.
La propuesta contempla múltiples cambios en la legislación que se compensarán con variaciones de salarios y precios que dificultan la cuantificación. De todas formas, es incuestionable que baja los ingresos del trabajo y eleva los del capital. Y no hay ninguna base científica para esperar que semejante estructura aumente el empleo y la formalidad. Estamos ante una iniciativa inequitativa incierta

Es realmente la solución a lo que necesitan?


Europa: la salida es más integración



Javier Solana recuerda lo que es y representa la Unión Europea.

De entre la vorágine de problemas económicos que nos rodea sigue sobresaliendo una afirmación que no conviene olvidar: la Unión Europea es la primera economía del mundo. Su PIB es de más de 15 billones y medio de euros, superior al de Estados Unidos, que se sitúa en segunda posición. La UE es también la segunda exportadora e importadora del mundo, tras China y EE. UU. respectivamente, siendo responsable del 20 por ciento del comercio a nivel mundial; lo que nos convierte en la primera potencia comercial del planeta.

Sin embargo, los datos no esconden que el modelo institucional que ha permitido el actual nivel de integración ya no es suficiente para dar respuesta a los problemas generados por la crisis. Es necesario avanzar con mucha más determinación y rapidez en la profundización de la integración europea. Si no lo hacemos, existe un riesgo real de que el descontento social socave los cimientos de la UE antes de que podamos culminar el proceso de integración que solucione los problemas que ahora asfixian a millones. Estos problemas no pueden desligarse de la manera en la que la Unión se presenta ante el mundo; una Unión que es ahora el principal foco de preocupación económica mundial. Para que la U. Europea siga siendo sinónimo de futuro, tendremos que salir de este atolladero apostando por más integración. Y esa integración conducirá a una política exterior europea unida, coherente y efectiva en un mundo que cambia vertiginosamente.
La realidad sigue demostrando que el mundo hoy ya es multipolar. Lo que no está garantizado en absoluto es que el sistema internacional sea capaz de regirse mediante normas comunes adoptadas en foros multilaterales: sin una gobernanza global multilateral efectiva se crearán dinámicas mucho más peligrosas y potencialmente conflictivas que las hemos visto hasta hoy. Es precisamente aquí donde Europa tiene algo que decir y que ofrecer: sigue estando a la vanguardia de la innovación en el diseño institucional -una de las grandes exigencias de este siglo- del que es su mejor y más exitoso ejemplo.
Otros lugares del mundo están experimentando un crecimiento económico sin precedentes. Pero otro gran reto se plantea a continuación: sobre la base de ese crecimiento económico sostenido hay que crear sistemas políticos justos, sociedades abiertas, inclusivas y respetuosas con los derechos humanos y el medio ambiente. Y en estas cuestiones los europeos también vamos un paso por delante.

Afortunadamente, hoy no solo los países europeos dan el paso de poner en común la soberanía. Un buen ejemplo es el trabajo que se está haciendo en la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean), que está dando pasos muy valientes en una parte del mundo en donde la integración nunca ha sido la norma. No lo perdamos de vista y no dejemos, con una visión estratégica, de acompañarles en tan meritorio viaje.

Es precisamente esta región, Asia-Pacífico, la que está llamada a ser el centro de las relaciones internacionales a medio y largo plazo. Estados Unidos ya ha hecho pública la reorientación estratégica en las prioridades de su política exterior para ponerlas precisamente allí, escenario de viejos y numerosos litigios aún sin resolver: disputas territoriales, fronterizas, un nacionalismo rampante y mucha desconfianza. China no quiere ver un siglo XXI dominado por un G2 en el que se encuentre sola con Estados Unidos. Prefiere, al menos, un G3 donde debería estar la Unión Europea: además de las buenas relaciones que mantenemos con ambos, nuestra experiencia en resolución multilateral de problemas podría tener un valor incalculable. En la Conferencia de Seguridad de Múnich, de febrero del año pasado se ponía sobre la mesa una idea que debe estar presente en toda aproximación que se haga hacia esta región: los problemas de seguridad están ocultos por un crecimiento económico extraordinario, pero pueden salir a la luz, como ya de hecho estamos viendo al hilo de los problemas en el Mar de China Meridional.
Si llevamos el foco a nuestra vecindad, comprobamos que el momento unipolar europeo de los años 90 ha llegado a su fin. Rusia no se ha acercado a los estándares europeos, Turquía ya desarrolla una política exterior propia con vocación de potencia regional y el sur del Mediterráneo ha dicho basta al statu-quo por medio de unas revoluciones que nunca vimos venir. El poder blando y el modelo de diálogo multilateral sigue siendo el camino para lograr una vecindad oriental próspera y un Mediterráneo recuperado como punto fundamental de encuentro y cooperación política, económica y energética.
Con el continente americano la vecindad es de otra naturaleza: la proximidad no es física sino que se basa en unos valores y en una visión compartida. En un mundo complejo y en cambio constante, la acción coordinada con Estados Unidos solo puede y solo debe progresar. Además, cualquier observador imparcial reconocerá que América Latina será uno de los grandes beneficiarios del siglo XXI, por lo que una mayor profundización en la relación entre ambos continentes constituye un elemento clave para ambos.

La Unión Europea tiene vocación de potencia internacional por su pasado, su presente y -ante todo- su futuro. La elección se presenta en términos muy simples: o actuamos unidos para hacer frente a los enormes desafíos que presentan los cambios en el orden mundial, y que van a caracterizar -están ya caracterizando- al siglo XXI, o permanecemos como espectadores de un mundo en el que ya poco o nada tendremos que decir. Es el futuro, donde nos jugamos la prosperidad y la viabilidad de nuestro ahora cuestionado modelo socioeconómico, el que nos tiene que convencer de que los Estados europeos, por separado, son demasiado pequeños para el escenario global y de que la integración europea es el único camino.

Javier Solana
Exministro español y primer 'canciller' de la Unión Europea.

España en Independencia Interna


España: ¿de la crisis al colapso?

Por: César Ferrari *

Un desempleo rampante, desconfianza en el Gobierno, regiones queriendo independizarse y un déficit creciente, son factores que pueden llevar a la política española a un momento crítico



La Gran Recesión 2008-2009 redujo los ingresos externos de España y consecuentemente los internos, lo que estancó su economía y en particular el turismo, una de sus principales actividades. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD), en 2009 el turismo en España representaba 10,7% del PIB y generaba 12,7% del empleo.
Ello se tradujo en menores ventas, producción, empleos, salarios, utilidades y, por lo tanto, menor recaudación tributaria. Como aumentó el gasto fiscal para evitar una recesión mayor, el déficit público alcanzó niveles elevadísimos. Según el Banco Mundial, en 2007 España tenía un superávit fiscal de 2,4% del PIB y en 2009 tenía un déficit de 8,6%.
De tal modo, la deuda pública española aumentó: en 2010, según el FMI, representaba 60,1% del PIB, ciertamente no tan elevada. La elevada es la deuda privada. Según el Banco Mundial, en 2000 equivalía a 97,7% del PIB y en 2010 llegó a 211,6%. En ningún otro país creció de tal manera en tan corto tiempo.
La largueza de los bancos españoles, financiados por los alemanes, produjo una explosión de créditos hipotecarios que generó una elevación de los precios inmobiliarios. Cuando se produjo la crisis, al quedarse sin ingreso muchos de los españoles endeudados no pagaron sus créditos. La consecuencia fue un descalabro bancario y una parálisis inmobiliaria y constructiva.
La nueva crisis se trató de resolver mediante la asistencia financiera europea condicionada a un ajuste que incluye: reordenamiento fiscal, aumento de impuestos, reducción de salarios y pensiones, menores gastos públicos y venta de activos estatales.
Pero el ajuste implica una caída adicional de ingresos que se traduce a su vez en menos compras, ventas, producción y, consecuentemente, más desempleo. Según Eurostat, en agosto de 2011 el desempleo en España alcanzaba a 22,0% de la población laboral y en agosto de 2012, al 25,1%. Esta es la mayor tasa de Europa. El desempleo entre los jóvenes llegaba a 52,9%. Dichas cifras son similares a las de la Gran Depresión: España está en depresión económica.
Como perder calidad de vida no satisface a nadie, genera protestas y conflictos sociales, más graves cuanto mayor es el ajuste. Adicionalmente, no es claro si el ajuste español tendrá éxito antes de que la ayuda se agote, lo que genera más incertidumbre e insatisfacción. Los indignados españoles, sus reiteradas ocupaciones callejeras, sus protestas, populares y desorganizadas, son una expresión de esos conflictos sociales.
Las crisis sociales graves tarde o temprano desembocan en crisis políticas. En los países democráticos se procesan mediante elecciones o cambios de la mayoría parlamentaria. En las elecciones de noviembre de 2011 el Partido Socialista perdió el Gobierno y fue sustituido por el Partido Popular de derecha.
Pero la crisis española continúa agravándose y el Gobierno es cada vez más impopular. No obstante, pareciera muy reciente para que colapse pues tiene aún una amplia mayoría parlamentaria. Lo que puede colapsar es el país.
El 25 de noviembre de 2012 se realizarán elecciones anticipadas en Cataluña para elegir un ejecutivo cuyo actual presidente, que seguramente será reelegido, proclama la convocatoria a un referéndum por la independencia catalana. Aspiración de vieja data que las encuestas actuales muestran victoriosa. Cobró fuerza luego de que el 20 de septiembre de 2012 fracasara la negociación entre Barcelona y Madrid por una mayor autonomía fiscal e, implícitamente, por un ajuste más flexible.
Si la independencia catalana triunfa, el País Vasco, con la misma aspiración, también de vieja data, seguiría el mismo camino. Se independizarían así las regiones más desarrolladas y España se reduciría a Madrid, centro administrativo diseñado para un país más grande, y a las regiones menos desarrolladas, innovadoras y emprendedoras.
La historia es siempre aleccionadora: luego de la Primera Guerra Mundial, las desmedidas reparaciones que los aliados impusieron a Alemania en el Tratado de Versalles generaron un rechazo inmenso entre los alemanes. Ello, entre otros elementos, facilitó el fortalecimiento del nazismo que abanderó las protestas contra dichas reparaciones y estimuló el tránsito a la Segunda Guerra Mundial y a millones de muertos.
España es hoy, ciertamente, una sociedad y un Estado muy diferente a la Alemania de los años veinte, pero enfrenta ajustes similarmente excesivos y conflictos sociales no despreciables. Los resultados políticos, más allá de los ya producidos, pueden ser imprevisibles.