La sin salida del empleo
La información de los
últimos seis meses revela un cambio en la tendencia del empleo.
El compromiso oficial de reducir el desempleo en los
primeros años a un dígito se incumplió. Aún más grave, luego de que el empleo
creciera a razón de 5% en 2011 y principios de 2012, ahora lo hace al 0,5%. En
febrero se perdieron quinientos mil puestos de trabajo. Esta información deja
sin piso las previsiones oficiales. La ley del primer empleo se justificó
diciendo que crearía 350 mil puestos y la reforma tributaria un millón. Ninguna
de las dos cifras guarda relación con el modesto crecimiento de 100 mil en el
último año.
En cierta forma se replica el insuceso de la ley de la
administración Uribe que recortó las horas extras y dominicales. En esa
oportunidad la norma se justificó con proyecciones de empleo que se
incumplieron en forma garrafal a los pocos días de la divulgación.
Curiosamente, los fracasos originan las mismas concepciones teóricas. Todas las
reformas de la última década se han montado con el argumento de que la baja de
los costos laborales eleva el empleo y la producción. El resultado ha sido al
contrario. La represión laboral ha contribuido a reducir los ingresos del
trabajo en el PIB y es la verdadera causa de la deficiencia de demanda que
impide la producción y el empleo. Los trabajadores, que representan la
principal fuente de gastos de la economía, no tienen los ingresos para adquirir
los bienes que pueden producir.
Montados en la doctrina de que los déficits en cuenta
corriente se autocorrigen o los corrige la política monetaria con las tasa de
interés, durante nueve años se acumuló una revaluación destructiva. Se
configuró una estructura productiva en que el país se concentra en la
producción en la minería y los servicios, y adquiere la mayor parte de la
demanda de bienes industriales y agrícolas en el exterior. Se sacrifica el 6%
del PIB en un déficit en cuenta corriente, que podría estar representado en
empleo y valor agregado nacional, a cambio de comprar los bienes importados
abaratados. Una demostración más de la invalidez de las teorías de ventaja
comparativa que sirvieron de justificación a las aperturas, los TLC, la minería
y la modalidad de cambio flexible.
En realidad, no se ha hecho nada drástico para detener el
ingreso de divisas y la revaluación porque se consideran un designio del
mercado. No se ha ido más allá de la adquisición de divisas en forma esporádica
que es neutralizada por los especuladores y les genera enormes ganancias.
Fracasos reiterados del empleo se originan en la flexibilización laboral y la
modalidad de cambio flotante. La baja de los ingresos laborales reduce la
demanda y el empleo. En un marco de tasas de interés internacional de cero, el
manejo de las tasas domésticas no induce la devaluación que disminuya en forma
apreciable el déficit en cuenta corriente y, en su lugar, provoca burbujas de
crédito y precios de los activos.
Todo esto deja al descubierto la ineficacia de las
visiones convencionales para enfrentar un desempleo ocasionado por la
deficiencia de demanda efectiva. Es hora que se entienda la necesidad de un
enfoque distinto. Las soluciones deben apuntar a un cambio en el modelo
económico orientado a elevar los ingresos del trabajo en el producto nacional y
reducir el déficit en cuenta corriente. En la práctica se plantea acudir a
políticas laborales y fiscales que permitan aumentar los ingresos de los
trabajadores con salarios cercanos al mínimo sin afectar considerablemente los
costos laborales, intervenir en el mercado cambiario sin limitaciones
monetarias y adoptar políticas industriales y agrícolas selectivas.
Por: Eduardo Sarmiento

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