Empleo cero
Tal como lo advertí en columnas anteriores, el mercado laboral se encuentra
en retroceso desde el segundo semestre de 2012.
En marzo el
desempleo nacional fue similar al del año anterior y no aumentó por los
trabajadores decepcionados que dejaron de buscar empleo. En 12 de las 13
grandes ciudades la tasa se incrementó en forma notoria. Aún más diciente, en
el último año el empleo disminuyó 0,1%. La caída que inicialmente se presentó
en la industria se extiende a la construcción, la agricultura y el transporte.
El país está pagando
los costos de un modelo que le concede prioridad a la minería, deprime el
salario y opera con un alto déficit en cuenta corriente. Los trabajadores no
tienen los ingresos para adquirir los bienes que pueden producir. Por su parte,
las cuantiosas ganancias de las empresas se destinan a inversiones de escasa
utilización. Mientras que los ingresos del trabajo aumentan menos de 2%, muy
por debajo de la productividad, la inversión crece 7%, muy por encima del
producto. No existe la demanda para emplear eficientemente el capital. El bajo
ingreso del trabajo contrae la demanda y ésta acentúa el desempleo.
Estamos ante un
resultado desconocido. En la Teoría general, Keynes muestra cómo la deficiencia
de demanda efectiva conduce a un estado de desempleo y producción por debajo de
la capacidad plena. Ahora, se advierte que también deteriora la distribución
del ingreso, configurando un círculo vicioso entre el desempleo y la inequidad.
Así, la economía colombiana lleva seis años con tasas persistentes de desempleo
de dos dígitos y coeficiente de Gini de 0,55, que la coloca entre las siete
naciones más desiguales del mundo.
La falta de
diagnóstico en el tema se refleja en las proyecciones de las decisiones
oficiales. Con la Ley de Primer Empleo y Formalización de la Mano de Obra se
justificaron diciendo que crearía 370.000 empleos. La reforma tributaria se
presentó como una política de empleo que contribuiría a crecer un millón de
puestos de trabajo. El presidente de la Andi estima que el plan Pipe generará
350.000 empleos. Si se tiene en cuenta que en el primer trimestre se perdieron
500.000 empleos, los nuevos puestos de trabajo tendrán que buscarse en Marte.
Por lo demás, no se
pueden abrigar muchas esperanzas en los motores de inversión extranjera para la
minería y la infraestructura. En la primera se requieren $150 millones para
crear un empleo y en la infraestructura física, $80 millones, en tanto que en
la industria y la vivienda de interés social se puede hacer con menos de $20
millones.
Durante dos décadas
los funcionarios de los gobiernos apostaron que el empleo provendría del
crecimiento y el mercado. Sobre esas bases predijeron que el desempleo tendería
a ubicarse por debajo de un dígito y la informalidad, de 30%. Ahora pretenden
remediar el fracaso con el mismo modelo que lo causó. En consecuencia, han
caído en una serie de medidas puntuales orientadas a incrementar el empleo
reduciendo los costos laborales, las cuales en unos casos resultan inocuas y en
otros contrarias a lo que se pretende.
A la luz de estos
resultados, se plantea un enfoque global y sectorial que reconozca la realidad
estructural del desempleo. De hecho, se requiere ampliar la demanda efectiva
reduciendo el déficit en cuenta corriente, ampliando el déficit fiscal y
sustituyendo el motor de la minería por la industria y la agricultura. Lo más
urgente es elevar la capacidad de compra de la mitad de la población menos
favorecida mediante el salario mínimo y la creación de un subsidio directo a la
contratación de trabajadores provenientes de la informalidad.
Por: Eduardo Sarmiento, Para el Espectador
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