La otra cara de los Brics
Por: Gideon Rachman
A pesar de ser catalogados como el nuevo orden hace cinco años, su situación actual inspira temores.
Durante los últimos tres
años la sabiduría convencional dividió a las grandes economías del mundo en
básicamente dos grupos: los Brics y los enfermos. Los Estados Unidos y la Unión
Europea estaban enfermos, pues lidiaban con un alto desempleo, bajo crecimiento
y deudas escalofriantes. Por otro lado, los Brics (Brasil, Rusia, India, China
y, para algunos, Sudáfrica) eran más dinámicos. Los inversionistas, hombres de
negocios y políticos occidentales, hicieron peregrinajes frecuentes a estos
países para dilucidar el futuro.
Sin
embargo, ahora parece que sucede algo extraño. Los Brics se encuentran en
dificultades. La naturaleza del problema en cada nación es distinta, pero hay
algunos inconvenientes que los ligan. Primero, a pesar de los esperanzadores
comentarios en torno a “la separación”, están siendo afectados por la debilidad
de las economías occidentales. Segundo, las cinco naciones están dándose cuenta
de que la corrupción endémica está erosionando la fe en sus sistemas políticos
e imponen un impuesto sobre sus economías.
China
sigue siendo el papá de los poderes emergentes. Es la segunda economía más
grande del mundo y fácilmente el Bric que crece con la mayor rapidez; sin
embargo, se siente más incierto que hace muchos años sobre su futuro económico
y político. Como lo dijo un amigo chino hace poco: “Nuestra economía está desacelerándose
rápidamente, nuestro próximo líder ha desaparecido y estamos enviando barcos
hacia Japón”. Xi Jinping ha reaparecido de manera tan misteriosa como
desapareció en un principio. No obstante, las tensiones políticas siguen siendo
altas, pues está por iniciar el juicio de Bo Xilai y un importante congreso del
partido.
Una
China que desacelere tendrá un efecto dominó sobre los otros Brics, pues hoy es
el socio comercial más grande de Brasil, India y Sudáfrica. El crecimiento del
Brasil ha caído particularmente rápido. Llegó a 7,5% en 2010, el año después de
que Río de Janeiro fuese nombrada la ciudad sede para las Olimpiadas de 2016.
Este año la economía probablemente crezca menos de 2%.
En
cuanto a India, cuando visité el país hace un par de semanas, un importante
empresario me dijo que los negocios allí estaban padeciendo una “depresión
clínica”. El crecimiento, que llegó a 9% antes de la crisis financiera, está
poco más que sobre el 5%. Durante el verano, el país recordó sus debilidades a
causa del apagón eléctrico más grande del mundo, que afectó a más de 600
millones de personas. El sistema político parecía paralizado y el proceso de
reforma económica no avanzaba. Un par de anuncios recientes han elevado las
esperanzas de que puedan reiniciar las reformas; sin embargo, la exuberante
confianza de hace algunos años ha, en gran parte, desaparecido.
Rusia
también tiene problemas. El regreso de Vladimir Putin al Kremlin provocó
protestas masivas en Moscú y la revolución del gas de esquisto en los Estados
Unidos es potencialmente desastrosa para Rusia, pues reduce el precio mundial.
Su banco central predice que el país padecerá de un déficit corriente para
2015. Los dos pilares del sistema Putin, una clase media complaciente y una
cascada de dinero proveniente del petróleo y el gas, comienzan a verse
frágiles.
Jim
O´Neill, economista de Goldman Sachs que inventó el término ‘Brics’, ha
argumentado que la economía de Sudáfrica no es lo suficientemente grande como
para estar junto a las otras. Pero el país ha asistido a las dos últimas
cumbres de los Brics y será el anfitrión de la próxima.
Si
los nuevos rasgos distintivos de los Brics son una economía debilitada y un
escenario político disfuncional, Sudáfrica se ha ganado su lugar entre ellos.
Su industria minera está plagada de huelgas violentas y probablemente genere la
pérdida de miles de trabajos durante el próximo año. El crecimiento
probablemente caiga a menos de 3% y la falta de liderazgo de Jacob Zuma genera
una profunda ansiedad.
No
hay una línea que vincule el descontento en las minas de platino de Sudáfrica,
los problemas en las fábricas chinas, los apagones en India, las protestas en
Moscú y las investigaciones por corrupción en Brasil; pero hay muchos temas
comunes a los problemas de los Brics. Primero, fueron prematuras las
afirmaciones de haberse “separado” de Occidente. La UE sigue siendo,
colectivamente, la economía más grande del mundo. La recesión que se padece
allí y el lento crecimiento en Estados Unidos inevitablemente afectan a todo el
mundo.
Segundo,
todos los años de rápido crecimiento no han generado armonía política en los
Brics. El tema común a todos estos países, sean democracias o autocracias, es
que la política está protagonizada por la furia que generan en la ciudadanía
los escándalos de corrupción. Esto hace que los políticos e inversionistas
estén preocupados por una potencial inestabilidad.
¿Así
que los Brics fueron una historia de hadas? En realidad no. Es cierto que la
visión extrema de la historia, llena de oportunidad y optimismo, era ridícula.
Pero a pesar de sus dificultades, la mayoría de ellos seguirán creciendo más
rápido que el primer mundo durante algunos años. Esto quiere decir que el
movimiento del poder económico y político, desde Occidente hacia el mundo
emergente, seguirá siendo la gran historia de nuestros tiempos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario