Como se mostró en esta columna, a los pocos días de firmarse el acuerdo se verificaron las predicciones. Las importaciones de alimentos, confecciones, plásticos y autopartes se dispararon. La industria entró en un proceso creciente de resquebrajamiento que en la actualidad se manifiesta en caídas de la producción de 4%. En seis meses se perdieron 700 mil empleos. Ante la avalancha, en el desespero el Gobierno dictaminó un arancel de 10% y un impuesto de US$5 por kilo para las confecciones y el calzado provenientes de países sin acuerdo comercial.
El dispositivo, por ser abiertamente discriminatorio, sólo podrá aplicarse durante un año. En este período el Gobierno tendrá que acudir a otros procedimientos más estructurales y permanentes, y, seguramente, los extenderá a otros sectores en condiciones similares.
La medida se ha presentado como una forma de detener el comercio ilegal. Como de costumbre los fracasos se ocultan culpando a los demás. La verdad es que el Gobierno a regañadientes está dando un paso atrás en la doctrina de mercado. Lo que se gana con la adquisición de los productos a menores precios se pierde con creces por la destrucción de la industria, la agricultura y el empleo.
El país ha quedado en la encrucijada en que por un lado firma TLC y anuncia otros nuevos, y, por otro lado, adopta medidas discriminatorias en contra del comercio, en particular, de América Latina. Y no se advierte una actitud franca de los funcionarios para resolver el conflicto. Ojalá no se repita la experiencia de la zona euro, donde los gestores y defensores de la moneda única persistieron en la mala idea y dejaron que se llevara por delante a los países periféricos.
Lo cierto es que el Gobierno se equivocó en la baja de aranceles, la revaluación y los TLC. En lugar de partir de esta realidad y adoptar una estrategia de conjunto para enfrentar el desbalance externo, acude a acciones puntuales e indefinidas, que postergan la dolencia y no la curan.
HACE 21 AÑOS EL GOBIERNO DE CÉSAR Gaviria adoptó con bombos y platillos la reducción de los aranceles de 45 a 13% y la eliminación de las restricciones a las importaciones para propiciar el comercio internacional, el crecimiento y el empleo. Así, se honraba el dogma de libre mercado de que los bienes deben producirse en el lugar que se elaboran a menor precio. Al final de la semana el presidente Santos comenzó el desmonte del modelo al establecer un arancel y un impuesto a las confecciones y el calzado.
Así funciona la economía de la que dependemos
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